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lunes, 14 de junio de 2010

Más habitual de lo que parece

El rasgo más común de la ciclotimia es, definitivamente, la presencia de cambios en el estado de ánimo. Por ello es común observar, alternadamente, aislamiento social y búsqueda desinhibida de la convivencia, momentos en que se habla poco y otros en que es imposible guardar silencio, llanto inexplicable y bromas excesivas, inapetencia y alimentación compulsiva, malestar físico y sensación de plenitud, confusión mental y pensamiento creativo, baja autoestima y confianza excesiva, y pesimismo que se convierte en optimismo y despreocupación.

Es importante señalar que tales oscilaciones, aunque irregulares y abruptas, son por lo regular menos espectaculares que en otros padecimientos. Por ejemplo, durante los períodos de mayor actividad (manía o hipomanía) es raro que el paciente pierda el control sobre su comportamiento, de modo que no incurre en compras compulsivas, actividades sexuales altamente riesgosas, uso de drogas o conducta mesiánica (hay personas que creen ser Jesús, contar con superpoderes o tener un mensaje trascendental para la humanidad), como sucede en la conducta bipolar.

Empero, las alteraciones conductuales son lo suficientemente fuertes como para generar problemas en la cotidianidad. Durante los momentos de euforia, una persona con ciclotimia puede ser infiel a su pareja, retar a sus superiores o mostrarse indiferente hacia la gente, lo que ocasiona severo desgaste en sus relaciones humanas y de trabajo. Asimismo, en la etapa de depresión se convierten en desorganizados, apáticos e ineficaces, ya sea en el trabajo o la escuela, y por ello pierden importantes oportunidades de desarrollo personal.

Por desgracia, estos cambios de carácter suelen pasar desapercibidos para la familia y seres queridos, tanto porque se piensa que son cualidades "extravagantes" de la personalidad, cuanto porque se les confunde con cambios anímicos que son típicos de la adolescencia e inicio de etapa adulta (hay que recordar que en tales períodos de la vida se dan las manifestaciones iniciales con mayor frecuencia).

Además, existen al menos otros dos factores que dificultan la detección del trastorno ciclotímico. Uno de ellos, de tipo sociocultural, consiste en que la población mexicana desconoce la existencia del problema, de modo que las personas cercanas al paciente no saben que pueden acudir a evaluación cuando descubren cambios inesperados de conducta. El otro, generado por la naturaleza misma del padecimiento, radica en que los momentos de hipomanía hacen que el afectado se sienta tan bien, que rara vez pensaría en someterse a tratamiento, incluso cuando está conciente de su comportamiento inestable.

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